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La marcha de los alebrijes

Texto  Texto: Alonso Solís
Fotog  Fotografía: a&s photo/graphics y Museo de Artes Populares

 

 

 

Ignoramos el sentido del alebrije, como ignoramos el sentido del universo; pero algo hay en su imagen que concuerda con la imaginación de los hombres, y así el alebrije surge en distintas latitudes y edades.

Jorge Luis Borges

 

Alucinaciones de un enfermo al borde de la muerte. Más bien; de dos. Uno, Pedro Linares, cartonero del rumbo de La Merced en el Distrito Federal. Otro, Manuel Jiménez, artesano de San Antonio Larrazola, Oaxaca. En su viaje de regreso a la conciencia, ambos experimentaron la compañía de seres fantásticos, y durante su tránsito por la delgada línea que separa el aquí del más allá, los escucharon gritar ¡Alebrije, alebrije! Al igual que Orfeo, Pedro y Manuel descendieron al mundo de los muertos para rescatar a los hoy populares alebrijes, de cartón los creados en la Ciudad de México, y de madera de copal los de Oaxaca.

Este onírico relato es el acta de nacimiento de un arte popular que ha trascendido fronteras y cuya paternidad se disputan esas dos entidades del país. Se puede decir que predominan las citas en las que se reconoce a Pedro Linares y, por lo mismo, al DF ser, respectivamente, creador y cuna de los alebrijes. Sin embargo, hay otra historia que explica en términos pragmáticos la aparición de estas figuras. Su protagonista es el pintor veracruzano José Gómez Rosas “El Hotentote”, como lo apodaban, avecindado en la Ciudad de México, quien aseguraba que fue él quien bautizó como alebrijes a las gigantescas figuras que diseñaba para la tradicional mascarada de la Academia de San Carlos, cuya última edición se celebró en 1967. Explicaba que él hacía los moldes que entregaba a la familia Linares para su ejecución. La diferencia en los motivos y los diseños con los actuales alebrijes es que aquellas figuras estaban relacionadas con la fiesta y el erotismo.

 

Esta manifestación del arte popular es resultado de capacidades creativas aunadas al dominio del oficio de la cartonería. Por cierto, en el contexto de la creciente preocupación por el medio ambiente vale subrayar que ésta es una técnica artesanal realizada con materiales reciclados; cada pieza es confeccionada y pintada a mano con materiales no tóxicos, incluso el barniz protector es con base agua.

En la jerga del campo mexicano, se dice que un caballo se “alebresta” cuando se alborota sin llegar a desbocarse. Un alebrije podría ser entonces un animal fantástico alebrestado, alucinado; dispuesto al vuelo pero atado a la tierra. Es un monstruo temible y delicioso; con cuerpo de hechizo, alado y con garras; es una visión hecha cuerpo; una criatura imaginaria hecha realidad que exige nuestra complicidad y asombro contemplativos.

Con los años, se ha creado una corriente “alebrijera” impulsada por artesanos y artistas no sólo oriundos del Distrito Federal. También hay creadores de alebrijes en Celaya, Guanajuato —población cartonera de abolengo— y en Espíritu Santo y San Martín Tilcajete, otras poblaciones oaxaqueñas donde se ha desarrollado este arte. Y en el extranjero, los alebrijes son sinónimo de la magia y el colorido con los que se suele identificar a nuestro país.

 

LOS ALEBRIJES SALEN A LAS CALLES

Este domingo 24 de  octubre los alebrijes saldrán de sus guaridas en talleres, tiendas y museos. Bajo la luz indecisa del otoño se transformarán en gigantes multicolores para marchar rodeados de una multitud, desde el Zócalo, a lo largo del Paseo de la Reforma, hasta el Ángel de la Independencia. Por cuarta vez en igual número de años, y gracias a la iniciativa del Museo de Arte Popular, nos invitarán a ser partícipes y constructores de un nuevo uso gozoso de ésta polifacética calle.

A lo largo del Paseo de la Reforma hay edificios y hoteles con restaurantes en pisos por encima del nivel de la calle. Son una buena opción para quienes prefieran disfrutar de este espectáculo en un ambiente cómodo. Así, frente al monumento a Colón, en el tercer piso del hotel Fiesta Americana, está el restaurante Tarento donde además de tener una vista estupenda del desfile de los alebrijes, se podrá compartir con familia y amigos sabrosas creaciones culinarias.

Habrá quien piense que Reforma ya no está para sorpresas. Mucho ha visto desde que en 1864, Maximiliano ordenara al arquitecto Bolland la apertura del entonces “Paseo del Emperador”. Vio al archiduque de Habsburgo y a su consorte la emperatriz Carlota, cabalgar con trajes de rancheros elegantes. Ha presenciado desfiles militares y del orgullo gay; marchas incontables a favor o en contra de… en fin, es y ha sido el significado que cada ciudadano, turista y visitante le ha querido dar. En esta ocasión, cuando se desplacen por ella los alebrijes, habrá que observar qué tan impávidos permanecen los rostros de bronce de Colón, Cuauhtémoc y de los próceres alineados en los costados de esa avenida. Cabe decir que después de concluida la marcha de los alebrijes, permanecerán hasta el 7 de noviembre en exhibición sobre las aceras de Reforma, en el tramo comprendido entre el Ángel y la glorieta de la Diana Cazadora.

 

 

 

 



 

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