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Jean Genet : biografía sucinta y un poco imaginaria

Jean Genet : biografía sucinta y un poco imaginaria

16 de nov de 2011









 

Nació en París el 19 de diciembre de 1910, de padre desconocido; a pesar de que siempre le restó importancia, la figura paterna fue fundamental en su vida. Se formó en un orfanatorio donde dio muestras de ser un estudiante con un gran talento para la gramática y la composición. Lo entregaron a la familia de un carpintero en Alligny-en-Morvan, que lo recibió, lo alimentó y le brindó cariño. A esta fue a la primera en robarle. Sus pequeños hurtos empezaron con un poco de pan, unos zapatos que no le correspondían, hasta llegar a sustraer cantidades de dinero del cajón donde se guardaban los fondos familiares. Una y otra vez se escapó de la casa para vagar por los alrededores de la granja.

En esos vagabundeos también sustrajo algún dulce o ropa de los almacenes de pueblo que había en la carretera. Finalmente, fue sorprendido y reingresado, a pesar del llanto de la madre y la frustración del padre adoptivos, al orfanatorio donde había visto la luz por primera vez, en el número 22 de la rue d’Assas. Ahí, reinstalado una vez más en el corredor apilado de literas donde mezclaban sus piojos los estudiantes de aquel lugar, descubrió su tendencia sexual: su amor por los muchachos; y encontró que su camino –como ladrón y homosexual– sería el de la abyección. A los veintiún años salió del orfanato con un papel de identificación que decía su nombre y lo describía como hijo de una mujer que lo había entregado al orfanato para morir unos meses después: Gabrielle Genet. De inmediato se dio a la tarea de cruzar la frontera y llegar a al Barrio Chino de Barcelona, donde trabó amistad con un grupo de proxenetas, maricas, manolas, ladrones y asesinos, que le mostraron qué tipo de persona era. Ahí conoció a Salvador quien tímidamente lo fue enamorando; su tartamudeo y temblor al hablar lo hacían sentirse dueño de sí mismo… Su amor duró tan sólo un semestre.
 


Sin embargo, fue un antiguo soldado de la Legión extranjera que aún conservaba una gorra militar y que había perdido la mano en una batalla, quien lo enamoró con conversaciones breves, hasta que lo metieron a la cárcel. Stilitano era de origen serbio, y la falta de la mano lo embellecía como a algunos arbustos que acaban de podar y que arrojan un olor a heno recién cortado. Vivieron un tiempo juntos embaucando a los cónsules franceses a quienes les pedían un boleto para regresar a su país natal; Stilitano lo vendía en la estación y se las arreglaban con el dinero durante algunas semanas. Poco después lo abandonó sin prevenirlo ni decirle por qué lo dejaba. Se quedó solo y vivió en aquella España de los años treinta, la España de Franco. Subsistía de la basura que arrojaba una marisquería a un depósito; lo expurgaba todas las tardes, y una noche de luna –que llegó tarde al lugar– en la que el depósito estaba vacío, terminó por lamerlo por el hambre que, como el fantasma de la culpa, lo estaba persiguiendo. Tuvo otros amantes en Ámsterdam, en Roma, en Austria, en Berlín –donde amó a un soldado de la S.S.–, en Brindisi y en Anvers –Bélgica–, ahí reencontró a Stilitano. Supo que Stilitano tenía una novia no muy fea a la que prostituía; mientras ella trabajaba, él pasaba las noches bailando con mujerzuelas en bares de calles sórdidas. Cuando aquel manco con gorra de capitán le preguntó de qué vivía, Jean le dijo que de prostituirse o de robos a los hombres con que se prostituía: policías, soldados, comerciantes y, una que otra vez, algún sacerdote que lo sorprendía durmiendo en la banca de una iglesia.

 

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Stilitano estaba traficando opio a varios países, entre estos también estaban Francia y Holanda. Un día, sin avisarle, le pidió que llevara a pie un paquete a un amigo al otro lado de la frontera mientras él haría el trayecto en tren hasta Ámsterdam. “Fui convertido en burro de carga aunque yo hubiera preferido ser una mula…”, dijo después. Numerosas veces hizo el mismo servicio tratando de que Stilitano se volviera a enamorar de él o por lo menos que lo volviera a amar una noche de ésas. En la última ocasión, ante la esperanza que se había abierto con algunos juegos de palabras por parte de Stilitano, el viaje fue interrumpido por dos soldados que lo interceptaron en la frontera de Bélgica y Holanda. Al sospechar que era peligroso, uno de los policías le rompió el tabique con un puñetazo y lo registraron aún sangrante. No tuvo palabras para explicar el origen del paquete de opio que llevaba entre sus ropas. Pensó en delatar a Stilitano, pero la delación era un escalón más bajo de aquél en el que ya había caído, y no se lo permitió. Al cumplir la condena, envuelto en su uniforme color palo de rosa, condenado a quince años de prisión, mientras veía el cielo, vislumbró una nube: tenía forma de un muñeco al que le faltaba un brazo, pensó en Stilitano y en el infinito amor que sentía por él. Escribió una novela en prisión sobre un asesino que trató de cerca durante unos meses antes de que éste fuera decapitado por sus crímenes: Notre-Dame-des-fleurs. La novela fue leída por Jean Cocteau y por Jean-Paul Sartre. Ambos, connotados escritores, pidieron una amnistía para que se le disculparan dos años que le faltaban por cumplir de su condena. Finalmente, salió libre y nunca volvió a delinquir: fue un escritor célebre, escribió teatro sobre noticias cotidianas, Las criadas; viajó a los EU clandestinamente para apoyar a los “Panteras Negras”, para ellos escribió la pieza de teatro Los negros, también escribió acerca de Rembrandt y de Giacometti, y habló de la cuestión palestina en un libro censurado: Cuatro horas en Chatila. Huyó a Argelia debido a su odio por “el mundo blanco” y agonizó la noche del 13 al 14 de abril de 1986, después de una caída en su bañera. Falleció el días 15. Sus restos descansan en Larrache, en un panteón flanqueado al norte por la prisión nacional y al sur por un burdel. Su epitafio, como el de Esquilo, no recuerda sus obras de teatro, simplemente señala: “Jean Genet. Trabajador inmigrante”.


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El blog de Héctor Iván González, Hombres de agua (Máquina de escribir): http://www.hombresdeagua1.blogspot.com/

 

Héctor Iván González

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